¿Cómo hacer el camino del emprendimiento más pleno y feliz?

Generalmente, cuando iniciamos el camino del emprendimiento enlistamos todo aquello que necesitamos adquirir para llevarlo a cabo. Recursos humanos, materiales, económicos, tecnológicos, etc. Pero, ¿qué hay de todo lo que nos sobra y de paso nos estorba? Para llenar debemos de vaciar. Desprender para emprender.

Y es que arrancamos con muchas cargas inútiles en el camino del emprendimiento. Mismas que nos impiden avanzar de forma ágil y que, además, no nos dejan vivirlo de manera plena y feliz.

3 claves para aligerar el camino del emprendimiento

1. Suelta expectativas y llénate de objetivos

Ya sean propias o ajenas, debemos de centrar nuestra mirada en los objetivos que tenemos para emprender y no en las expectativas. Estas últimas pertenecen al mundo de las ilusiones y nuestras ideas (acertadas o equivocadas) sobre lo que “debería de suceder”.  Los objetivos, por su parte, pertenecen al mundo de los hechos y están basados en la realidad.

Las expectativas suponen, los objetivos proponen. Las expectativas esperan, los objetivos planean. Las expectativas generan frustraciones y los objetivos generan aprendizajes, independientemente de si los resultados son positivos o negativos. Los objetivos están en nuestras manos y las expectativas generalmente dependen más de los demás.

2. Reduce la voluntad de poder y aumenta la voluntad de sentido

Una buena idea es sólo el primer paso para iniciar el camino del emprendimiento, pero es muy necesario tener un propósito bien definido. Dicho propósito nace de la voluntad de cada emprendedor, sólo que la voluntad puede estar dirigida hacia el poder o hacia el sentido.

La obsesión por el éxito, la búsqueda de reconocimiento, el apego excesivo a las recompensas materiales y el enfoque en el crecimiento que obedece sólo a los escalafones del exterior y que merman directamente al crecimiento interior, son sólo algunas de las características de una persona con voluntad de poder.

Por su parte, la voluntad de sentido de un emprendedor obedece a fines superiores y causas profundas. Busca servir a otros y hacer la diferencia a partir de sus dones y talentos. Ejerce su libertad de elegir de manera responsable con él mismo, con los demás y con su entorno. Y, sobre todo, va más allá del éxito en esta vida, se enfoca en el legado que dejará en el mundo incluso cuando ya no esté vivo.

3. Deja a un lado tus certezas y dale espacio a tu curiosidad

La hipervaloración de nuestras credenciales, experiencias y conocimientos, o simplemente la soberbia que surge de una auto-percepción distorsionada de superioridad, son nuestros mayores enemigos durante los procesos de aprendizaje y momentos de crisis en el camino del emprendimiento.

Nuestras supuestas certezas entorpecen la relación con los demás, pues esta mirada nos impide reconocer al otro como un ser único e irrepetible, y valorar las diferencias de perspectiva como la mayor fuente de crecimiento y creatividad.

La curiosidad, por su parte, es el punto de partida del aprendizaje, pues sólo desde la curiosidad logramos la apertura suficiente para reconocer nuestros errores y entender con empatía los de los demás. Sin prejuicios y predisposiciones, la curiosidad nos permite disfrutar del camino del emprendimiento y sorprendernos de todo aquello que no sabíamos, logrando, además, una conexión autentica con los demás, lo cual es una de las mayores fuentes de sentido y felicidad.

Cuenta una antigua leyenda que un famoso científico acudió a la casa de un maestro zen…

Al llegar, se presentó enumerando todos los títulos que había alcanzado y lo que había aprendido a lo largo de sus años de estudio. Después le pidió al maestro que le enseñara los secretos de su filosofía. Por toda respuesta, el maestro se limitó a invitarlo a sentarse y le ofreció una taza de té.

Aparentemente distraído, sin dar muestras de preocupación, el maestro sirvió té en la taza del científico, y siguió echando té aunque la taza ya estaba llena.

Perplejo por aquel desliz, el científico le advirtió al maestro que la taza ya estaba llena y que el té se estaba escurriendo por la mesa.

El maestro le respondió con tranquilidad:

– Exactamente. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría aprender algo?
Ante la expresión incrédula del científico, el maestro enfatizó:
– A menos que vacíe su taza, no podrá aprender nada.

Columna escrita por Marcela Hernández, socia fundadora de Sensum, especialista en estrategias de sentido. Síguela en @March_coach

Nota del Editor: Las opiniones expresadas en esta publicación son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la visión de Wortev.

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Socia fundadora de Sensum, especialista en estrategias de sentido