Hablemos de emprendimiento infantil

Por muchos años era poco usual hablar de este tema -el emprendimiento infantil-, principalmente porque no era algo que se enseñara a los niños.

Sin embargo, niños emprendedores han existido desde siempre, como Walt Disney ¡quien vendía sus dibujos a los 13 años! O Carlos Slim, que ahorraba desde muy temprana edad.

Así como esos dos ejemplos de niños con ideas, hay miles de millones porque ¡todos los niños son emprendedores!, todos los seres humanos nacemos con las competencias del emprendimiento, pero conforme vamos creciendo, éstas se van perdiendo al no estimularse.

La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), en su artículo Entrepreneurship and education – What, why, when, how (Martin Lackéus, 2015) señala la importancia de la educación emprendedora desde edades tempranas. Esto traerá consecuencias muy positivas como el crecimiento económico, la creación de empleo, una mayor resiliencia social, crecimiento individual, un mayor compromiso escolar y una mayor igualdad.

Sin embargo, aunque los efectos son muy positivos, poner esta idea en práctica ha planteado desafíos importantes. Mucha gente suele confundir el emprendimiento infantil con la explotación o el trabajo infantil; empecemos por aclararlo. La explotación o el trabajo infantil es poner a un niño a trabajar para el beneficio económico de un adulto. Es decir a realizar una actividad física o intelectual a cambio de un salario y que el que se beneficie de ese esfuerzo sea un adulto.

¡Nada que ver con el emprendimiento infantil!

El emprendimiento infantil está relacionado con el derecho de los niños a la libre expresión de sus ideas. Es una forma de expresión y les ayuda a fortalecer su autoestima y su autoconfianza, a expresar sus emociones, a comunicarse en forma efectiva y a fortalecer sus habilidades de liderazgo, entre muchas otras cosas. Los adultos no se involucran, las ideas son de los niños y ellos son quienes aprenden y cosechan los resultados de su esfuerzo.

“El espíritu emprendedor es cuando se actúa sobre las oportunidades y las ideas y las transforma en valor para los demás. El valor que se crea puede ser económico, cultural o social”. (la Fundación Danesa para Emprendedores, Moberg et al., 2012, p.14).

Mucha gente cree que emprender es solamente poner un negocio o abrir una empresa, pero no es así, emprender es “empezar algo”, por ejemplo, un negocio, pero no solamente eso, tal como lo mencionamos anteriormente, existe el emprendimiento cultural, el emprendimiento social, científico, artístico, deportivo…

Al respecto, el citado artículo de la OCDE destaca que ser emprendedor se trata de crear organizaciones innovadoras que crecen y crean valor, ya sea con fines lucrativos o no (Gartner, 1990). Y hablando de negocios, mucha gente cree que el fin de un negocio es el dinero y ¡no es así!, el dinero es la consecuencia de un buen emprendimiento, que es el que se hace basado en la vocación del emprendedor, y que se hace por y para los demás.

Pero el emprendimiento no tiene por qué incluir la creación de nuevas organizaciones, también puede ocurrir en organizaciones existentes (Shane y Venkataraman, 2007); es decir, la educación emprendedora forma a futuros empleados intrapreneurs, que son aquellas personas que aman su trabajo y logran innovar dentro de las mismas instituciones.

La educación emprendedora se trata de ser innovador

¡Esto es “emprender con valores”! Y de eso trata el emprendimiento infantil, de que los niños hagan cosas nuevas, exploren, creen y crean en ellos mismos para que se fije en sus mentes que pueden hacer realidad todos sus sueños y alcanzar todas sus metas, ahora y cuando sean grandes.

“La razón más común por la que los investigadores y expertos promueven la educación emprendedora es que el espíritu emprendedor se considera un motor importante para el crecimiento económico y la creación de empleo (Wong et al., 2005).” Asimismo, es una respuesta a la globalización y a los constantes cambios del mundo en el que vivimos, “que requiere que todas las personas y organizaciones estén dotados de competencias empresariales (Gibb, 2002)”, menciona la OCDE.

Este estudio también confirma lo que en BusinessKids hemos visto a lo largo de poco más de una década: el emprendimiento es “un medio para empoderar a las personas (…) y para crear valor social para el bien público (Volkmann et al., 2009, Austin et al., 2006)”.

El emprendimiento infantil es dar a los niños las herramientas para hacer en la vida aquello que ellos elijan, emprender les permite ser libres toda su vida.

Columna escrita por María del Carmen Cabrera Cisneros. Directora general de la franquicia BusinessKids. Síguela en @marycarmenbusinesskids

Nota del Editor: Las opiniones expresadas en esta publicación son responsabilidad exclusiva de la autora y no reflejan necesariamente la visión de Wortev.

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Directora general de la franquicia BusinessKids